
Muchos padres y madres se preocupan porque creen que su bebé no come lo suficiente al introducir los sólidos en la alimentación complementaria. La verdad es que puede ser muy estresante cuando el bebé da dos bocados y no quiere comer más, sobre todo si comparamos su ingesta con la de otros bebés o empezamos a plantearnos si estamos haciendo algo mal.
Preguntarnos sobre el tamaño de las raciones, el apetito y si el bebé recibe la nutrición adecuada es algo muy común durante el primer año de la alimentación complementaria.
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¿Por qué los bebés no suelen comer mucho al empezar con los sólidos? ¿Estará comiendo lo suficiente?
Lo más importante es entender que la alimentación de nuestros bebés durante el primer año tiene como objetivo principal el aprendizaje; en ningún caso los sólidos deben reemplazar la leche materna ni la fórmula.
Durante el primer año de vida, la leche materna o la de fórmula siguen proporcionando la mayor parte de los nutrientes y las calorías que necesita el bebé. Sin embargo, a medida que los bebés crecen, ciertos nutrientes, en particular el hierro y el zinc, se hacen más difíciles de obtener solo con la leche.
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Por eso la alimentación complementaria se inicia alrededor de los seis meses. El objetivo no es reemplazar la leche, sino empezar a ofrecer alimentos que favorezcan su desarrollo y proporcionen nutrientes importantes complementarios.
La leche (ya sea materna o de fórmula) es su alimento principal hasta el año de vida. Siempre se debe ofrecer a demanda. Por eso la alimentación de 6 a 12 meses se llama complementaria.
Dado que los alimentos desempeñan un papel complementario durante esta etapa, es totalmente normal que los bebés coman pequeñas cantidades. Su principal objetivo durante las primeras experiencias de alimentación es explorar nuevas texturas, practicar la motricidad oral y aprender a llevarse la comida a la boca. Lo que puede parecer un simple juego con la comida es, en realidad, una parte importante del proceso de aprendizaje.
El reparto de responsabilidades en la alimentación
Los bebés tienen una gran capacidad para regular su propia ingesta cuando se les da la oportunidad de hacerlo. Esta autorregulación natural se apoya en un modelo de alimentación llamado reparto de responsabilidades, un concepto ampliamente recomendado por especialistas en alimentación pediátrica, nutricionistas y dietistas infantiles.
Según este enfoque, tanto los padres como los bebés tienen roles específicos a la hora de comer.
El rol de los padres o cuidadores es decidir qué alimentos se ofrecen, cuándo se hacen las comidas y dónde come el bebé. El rol del bebé es decidir si come y cuánto come. Cuando se respetan estos roles, los bebés pueden atender a sus señales internas de hambre y saciedad. Este enfoque ayuda a desarrollar una relación sana con la comida y reduce la presión a la hora de comer.
Una de las cosas clave que los padres notan durante el primer año es que la cantidad de comida que ingiere el bebé puede variar drásticamente de un día para otro. En algunas comidas, el bebé puede comer con más entusiasmo. En otras, puede que solo dé unos pocos bocados. En ocasiones, puede que pase la mayor parte de la comida tocando, aplastando o dejando caer (o tirando) la comida. Todos estos comportamientos son normales para su desarrollo y forman parte del proceso de alimentación.
Si les dejamos experimentar, el bebé siempre comerá suficiente, ya que comerá lo que realmente necesite en cada momento.
¿Cómo deben ser las raciones en el plato del bebé?
Los profesionales de la salud y los nutricionistas y dietistas pediátricos no recomiendan obligar a los bebés a comer una cantidad específica. En cambio, recomiendan empezar con raciones pequeñas y permitir que la ingesta aumente gradualmente a medida que los bebés adquieren experiencia y habilidades, o así lo demanden.
En la aplicación BLW Ideas hablamos de esto con más detalle, pero aquí tienes algunas expectativas sobre la cantidad de comida que tu bebé probablemente consuma según su edad.
Alrededor de los 6 meses, muchos bebés comen solo una o dos cucharaditas, o hasta una o dos cucharadas de comida en cada ocasión. Entre los 7 y los 9 meses, la ingesta de alimentos suele aumentar a dos o tres cucharadas por comida, aunque esto puede variar mucho de un bebé a otro. Entre los 9 y los 12 meses, muchos bebés empiezan a seguir un patrón de tres comidas al día con uno o dos tentempiés o meriendas, con raciones que pueden ser aproximadamente de un cuarto a la mitad de una ración de adulto. Pero esto no será así siempre en cada comida y no es, para nada, una regla estricta.
Es importante recordar que estas cifras son pautas generales, no objetivos. No se espera que los bebés se terminen todo lo que hay en el plato ni que coman la misma cantidad todos los días.
Al igual que los adultos, los bebés experimentan fluctuaciones naturales en el apetito según la etapa de crecimiento, el sueño, el nivel de actividad y los cambios en su desarrollo.
Presionar a los bebés para que coman más de lo que quieren puede dificultar la alimentación. Cuando los cuidadores insisten demasiado o les fuerzan a comer más, esto suele generar estrés y luchas de poder en la mesa. Con el tiempo, esta presión puede interferir con la capacidad del niño para reconocer y confiar en sus propias señales de hambre y saciedad.
Si tu bebé come un poquito y luego para, no significa necesariamente que no haya comido lo suficiente. Simplemente significa que ha comido la cantidad que su cuerpo necesitaba en ese momento, aunque a ti te parezca poco.
Confiar en este proceso y tener muy claro este punto puede hacer que la hora de la comida sea mucho menos estresante tanto para los padres como para el bebé.
Tu responsabilidad es seguir ofreciendo una variedad de alimentos equilibrados y adecuados para su edad, incluyendo opciones ricas en hierro y zinc. El papel de tu bebé es decidir si quiere comer y cuánto. Cuando estos roles son claros y consistentes, las comidas tienden a ser más tranquilas, predecibles y agradables.
Referencias:
- Asociacion Española de Pediatría. (2018). Recomendaciones de la AEP sobre alimentación complementaria
- Smith, J., & Colleagues. (2024). Prevalence and factors of iron deficiency and anemia in children under five: A systematic review and meta-analysis. Journal of Pediatric Nutrition.
- Lozoff, B., (2006). Iron deficiency in infancy and later developmental outcomes (evidence summarized across longitudinal studies). Child Development, 85(5), 1805–1816.
- McCann, S., & Amadó, M. P. (2020). The role of iron in brain development: A systematic review. Nutrients, 12(7), 2001. https://doi.org/10.3390/nu12072001

